Caminaba por el parque, mirando cuidadosamente el suelo, no sería la primera vez que encontrara alguna moneda o algo para aliviarme, parecía que esta noche no habría suerte. Me encaminé a mi banco preferido con resignación, una lucecilla roja entre los arbustos llamó mi atención, lentamente me acerqué a ver...
Es un extraño aparato, pequeño y muy brillante, la luz parpadea cada vez más rápidamente y parecía meterse en mis huesos. Un mareo nubló mi vista y no supe más de mí, hasta que una voz metálica dijo mi nombre claramente, aún sin abrir los ojos podía ver esa luz blanca y brillantísima que lo inundaba todo.
"Estoy muerto?" atiné a preguntar... un ser translúcido, de extraños ojos me miraba detenidamente, examinándome, tocándome con sus manos frías, ásperas...quedamente respondió:
"Aún no..."














































